
Será que me pase los primeros años d mi vida consciente tratando de tapar los agujeros para los que no quería que vivan lo que yo. Será que en algún punto decidí dejar la pared a medio construir alrededor de lo que no supe me hacia mas feliz. Huí al menor indicio de convertirme en lo que rechace, al punto de resignarme a esconderme. Esconderme y odiar. Uno a uno vi caer esos ladrillos con los ojos cerrados a cualquier otra realidad. Uno a uno abandone cualquier intento de salvar lo que sentí volverse en mi contra. Y lo hice con una sola meta final: salvar mi propio orgullo de seguir siendo su objetivo de error principal. Caí en la masificación del conformismo, llevando conmigo todos mis planes de mejorar el camino para los que venían atrás. Y fui egoísta. Si, no hay palabra que lo describa mejor. Me encerré en mi propia burbuja opaca a toda luz natural, inventando historias de individualidad, solo para no sentirme tan mal por haber fingido ser una heroína a los ojos de la claridad. Y lo peor es que no hay nadie que me culpe por mi propia martirización. Mi mas torturante castigo es haberme dado cuenta tan tarde de que no soy nada si no dejo mis huellas de sangre para que aprendan los demás.
Será que ahora las lágrimas me burlan cada vez que les cuento que ya no puedo volver atrás. Y una cicatriz que nunca me había dignado a reconocer me responde que ya estoy grande para llorar si no voy a tener la valentía de volver a empezar.

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