
derrumbada en su cama, hermeticamente encerrada en sus propias fabulas. dos garras de piedra le sostienen la mirada, aferrada al horizonte de su propia almohada. abatida entre bocas hace tiempo silenciadas, milimetricamente quieta respira.
es el olvido que quiere apoderarse de ella.
apaciblemente resignada (deshecha), lo deja.

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