Hoy un trovador bajó de su nube y me regalo la voz del sol. No había pestañado aún cuando la entera voluptuosidad de la luna misma se instalo entre él y yo. Extendió su figura esponjosa y sobre mis pies apoyo un espejo. Con la expresión más simple que conozco, enrasé mi cuerpo con el suelo y lo recosté en mi mano, pero cuando por fin me atreví a mirar en él, y antes de poder distinguir mi propia cara el Mundo en su total entereza se sacudió haciéndome saltar a su otro extremo.
Incorporando mi sorprendido cuerpo me descubrí en el Jardín Escondido. En el centro había una rosa con una sola espina, inclinada, regalada, lista para entregar su única arma y resignar su libertad arraigada.
Al tomarla, despertó un murmullo en mi cabeza. Era mi rival interior, mi voz de trueque, demonio manipulador.
Con la seguridad de quien siempre se sabe ganar, me preguntó que tenía para ofrecerle esta vez. Que miseria le iba a cambiar por esos momentos diarios de paz. Y sin sospecharlo, esa sería la última partida, nunca entendería porqué mis jugadas ya no eran solo mías.
“Tengo la voz del sol, el espejo de la luna, el jardín mas escondido de la Tierra y la ultima rosa salvaje desarmada; y te lo cambio todo por cosquillas en la cama.”



